Y es ese momento, cuando te quitan todas las esperanzas
aunque fueran mínimas, y recibes esa contestación que sabías que podías recibir
pero que en tu interior te repetías que no pasaría nunca. Y el corazón se te encoje,
la piel se te eriza, los ojos se te humedecen y un intenso escalofrío recorre
todo tu cuerpo.
Tu mente te dice que ya te lo advirtió e incluso tus amigas
a las que no hiciste caso, y es en ese preciso momento en el que te das cuenta
que no merece la pena nada de esto, que todo ha sido un juego en el que has
perdido, y has perdido mucho más de lo que esperabas. Nunca quisiste arriesgar
y aún así, como una auténtica ludópata te entregaste al juego del amor, y como
siempre, como de costumbre, una vez más, pierdes.
Y recapacito sobre
por qué mis películas favoritas son las románticas, y la única respuesta que
puedo concebir en este momento es porque
soy gilipollas, o simplemente porque soy una ilusa que busca en la ficción lo
que nunca llegará a tener.
